Cranford
Cranford La última vez que vi a la pobre señorita Jenkyns fue muchos años después de este episodio. La señora Gordon mantuvo una relación cálida y afectuosa con todos los habitantes de Cranford. La señorita Jenkyns, la señorita Matty y la señorita Pole habían ido a visitarla y de regreso habían contado maravillas de la casa, del marido, de los vestidos y de su aspecto, pues la felicidad le había devuelto en parte su aspecto radiante de antaño; tenía uno o dos años menos de lo que habíamos creído. Seguía poseyendo unos ojos encantadores y los hoyuelos, ahora que era la señora Gordon, no parecían tan fuera de lugar. Como decía, la última vez que vi a la señorita Jenkyns era ya una anciana débil que había perdido en parte su carácter decidido. La pequeña Flora Gordon estaba pasando unos días con las dos hermanas y, cuando entré, leía en voz alta para la señorita Jenkyns, que yacía en el sofá débil y muy cambiada. Al verme, Flora dejó a un lado el Rambler.
—¡Ah! —exclamó la señorita Jenkyns—, me encuentra cambiada, ¿verdad? Ya no tengo la vista como antes. Sin las lecturas de Flora, no sé cómo pasaría el tiempo. ¿Ha leído alguna vez el Rambler? Es magnífico. ¡Magnífico! Y lo mejor para que Flora mejore su lectura. [Lo cual no pongo en duda, siempre que hubiera sido capaz de leer la mitad de las palabras sin tener que deletrearlas y comprendiera el significado de una tercera parte.]