Cuentos goticos
Cuentos goticos —Quienes me hacen daño nunca prosperan —le dijo—. Estoy sola y desvalida en el mundo; por eso escuchan mis oraciones los santos del cielo. ¡Escuchadme, bienaventurados! Os pido pesadumbre para este hombre malvado y cruel. Ha matado a la única criatura que me querÃa, el animal al que yo amaba. ¡Que caiga sobre él una gran aflicción, santos benditos! Al verme sola y pobre cree que estoy desvalida, pero ¿acaso no hay ejércitos celestiales que defienden a las personas como yo?
—Vamos, vamos —dijo él, un poco arrepentido, pero sin pizca de miedo—. Toma una corona y cómprate otro perro. ¡Toma y deja ya de maldecir! Me tienen sin cuidado tus amenazas.
—¿Ah, sÃ? —dijo Bridget, dando otro paso hacia él y pasando de la imprecación a un susurro que puso la carne de gallina al chaval del guardabosque que seguÃa al señor Gisborne—. Vivirás para ver al ser a quien más ames y el único que te ame, a un ser humano, pero tan inocente y bueno como mi pobre perrito… verás a esa criatura, para quien la muerte serÃa un desenlace demasiado feliz, convertirse en objeto de desprecio y terror para todos, por esta sangre. ¡Escuchadme, santos benditos, que nunca desamparáis a quienes sólo cuentan con vuestra ayuda!