Cuentos goticos

Cuentos goticos

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Yendo de Tremadoe a Criccaeth se pasa junto a la iglesia parroquial de Ynysynhanarn, situada en el valle pantanoso que desciende hacia la bahía de Cardigan desde las montañas que se elevan hasta los Rivals. Esta extensión de terreno tiene todo el aspecto de haber sido ganada al mar en tiempos no muy lejanos, y posee toda la lúgubre fetidez que suele acompañar a este tipo de marismas. Pero el valle, de condición parecida, era aún más sombrío en la época sobre la que escribo. Grandes extensiones de abetos cubrían la parte más alta, pero los habían plantado demasiado cerca unos de otros, por lo que no podían desarrollarse mucho y eran raquíticos y achaparrados. En realidad, habían muerto muchos de los más pequeños y débiles, y su corteza cubría el suelo pardo, inadvertida y desdeñada. Esos árboles de tronco blanco parecían fantasmas a la luz mortecina que pugnaba por abrirse paso entre las gruesas ramas altas. Más cerca del mar, el valle adquiría un carácter más abierto, aunque en modo alguno más alegre; era oscuro y estaba encapotado por la calima casi todo el año; y ni siquiera la casa de labranza que suele animar un poco el paisaje lo animaba allí. Aquel valle constituía la mayor parte de la hacienda de la que Owen Griffiths pasó a ser propietario por matrimonio. En la zona superior del valle estaba situada la mansión familiar, o más bien la casa, pues «mansión» es palabra demasiado grandiosa para Bodowen, tosca y rústica, aunque de sólida construcción. Era cuadrada y parecía resistente, sin más exceso ornamental que el necesario para distinguirla de la simple casa de labranza.


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