Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Padre, padre! —clamó—. ¡Vuelve! ¡Vuelve! ¡Nunca sabrás cuánto te quise! Cuánto podrÃa quererte aún… si… ¡Oh, Dios mÃo! —Recordó entonces a su hijito—. SÃ, padre —clamó de nuevo—, no viste cómo cayó… ¡cómo murió! ¡Ay, si hubiese tenido entereza para decÃrtelo! ¡Si hubieses tenido paciencia conmigo y me hubieses escuchado! ¡Y ahora ya está! ¡Oh, padre! ¡Padre!
No sé si habÃa oÃdo aquella voz delirante y quejumbrosa, o si fue sólo que lo echó de menos y lo necesitaba para alguna pequeña tarea, o (tal vez lo más probable) si habÃa descubierto que Owen habÃa escapado y querÃa decÃrselo, pero lo cierto es que Owen oyó a su madrastra que llamaba a su marido desde lo alto de la peña.
Guardó silencio y empujó el barco debajo de la roca hasta que los costados rechinaron contra la piedra; y las ramas que colgaban ocultaron el velero y también a él. Se tendió empapado al lado de su padre muerto para esconderse mejor; y al hacerlo recordó los lejanos dÃas de la infancia, cuando compartÃa el lecho de su padre viudo y le despertaba por la mañana para que le contara alguna leyenda galesa. Perdió la noción del tiempo que llevaba allà tendido, aterido, lidiando mentalmente con la presión aplastante de una realidad más pavorosa que una pesadilla. Pero al fin salió del estupor para pensar en Nest.