Cuentos goticos
Cuentos goticos —No hables asÃ, Owen —dijo Nest, acurrucándose a su lado—. ¿Quién sabe lo que puede estar escuchando?
Guardaron silencio, sumidos en una especie de terror inexplicable, hasta que oyeron el susurro de Ellis Pritchard.
—¿Dónde estáis? Vamos, rápido y con cuidado. Hay gente por ahà ahora; echan de menos al señor y la señora está asustada.
Bajaron rápidamente hasta el pequeño puerto y lo cargaron todo en la barca de Ellis. El mar bullÃa agitado incluso en la orilla; las nubes se apresuraban turbulentas.
Salieron a la bahÃa; sin hablar aún, exceptuando los momentos en que Ellis, que tomó el control de la embarcación, decÃa una palabra de mando. Pusieron rumbo a la costa rocosa donde Owen habÃa amarrado su barco. Pero no lo encontraron. HabÃa roto las amarras y habÃa desaparecido.