Cuentos goticos
Cuentos goticos —Iremos juntos, Nest. ¿Pero adónde? —le dijo, y alzó la vista hacia los nubarrones que amenazaban a barlovento.
—Es una mala noche —dijo Ellis, volviendo al fin la cabeza para hablar con sus acompañantes—. Pero no hay que tener miedo, la capearemos.
Y se encaminó hacia el amarre de la barca. Luego se detuvo y se quedó pensando un momento.
—¡Quedaos aquÃ! —les dijo—. Tengo que ver a alguien y puede que tenga que escuchar y que hablar. Vosotros esperad aquà hasta que vuelva a buscaros.
Asà que se sentaron muy juntos en un recodo del camino.
—¡Déjame verlo, Nest! —dijo Owen.
Ella sacó a su hijito muerto de debajo del chal; contemplaron su rostro pálido con ternura; lo besaron y lo cubrieron con cuidado reverentemente.
—Nest —dijo Owen al fin—, tengo la sensación de que el espÃritu de mi padre ha estado cerca de nosotros, y se ha inclinado sobre nuestro pobre hijo. Cuando iba a besarle noté un aire extraño y frÃo. Y pensé que el espÃritu de nuestro hijo puro e inmaculado guiaba al de mi padre por los caminos del firmamento hasta la puerta del cielo, y que escapaba de esos malditos perros del infierno que hace menos de cinco minutos bajaban corriendo del norte en busca de almas.