Cuentos goticos
Cuentos goticos —Nunca volveré a mi casa —dijo Owen obstinadamente—. ¡Es un lugar maldito!
—¡Vamos! Déjate guiar por mÃ, hombre. ¡En realidad ha sido un accidente! Desembarcaremos en Holy Island, en el cabo de Llyn. Tengo allà un primo, el viejo párroco (porque los Pritchard han conocido tiempos mejores, señor hacendado), y le enterraremos allÃ. Ha sido un accidente, hombre. ¡Levanta esa cabeza! Nest y tú volveréis a casa, llenaréis Bodowen de hijos y yo viviré para verlo.
—¡Jamás! —dijo Owen—. ¡Soy el último varón de mi estirpe y el hijo que ha asesinado al padre!
Llegó Nest con su fardo y con la capa puesta. Ellis les metió prisa. Apagaron el fuego, cerraron la puerta.
—Trae, Nest, cariño, déjame llevar el fardo mientras os guÃo por las escaleras.
Pero el marido iba con la cabeza baja, sin decir palabra. Nest dio el fardo a su padre (cargado ya con las cosas que él habÃa creÃdo que debÃa llevar), pero agarró el otro con cuidado y con fuerza.
—Nadie me ayudará con este —dijo, en voz baja.
Su padre no la entendió; su marido sÃ, y le rodeó la cintura con un brazo protector y la bendijo.