Cuentos goticos

Cuentos goticos

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—Lois, tu padre ha muerto de esta fiebre terrible, y yo me estoy muriendo también. No, así es; aunque me vea libre del dolor estas pocas horas, ¡alabado sea el Señor! Los crueles hombres de la Commonwealth te han dejado sin amigos. El único hermano de tu padre murió en Edgehill[24]. También yo tengo un hermano, del que nunca te he hablado porque era disidente; y tu padre y yo tuvimos unas palabras y él se marchó a ese nuevo país allende los mares sin despedirse siquiera. Pero Ralph era un buen muchacho hasta que aceptó esas nuevas ideas; y, por los tiempos pasados, te acogerá y te amará como a una hija y te dará un sitio entre sus hijos. Porque la sangre es más fuerte que nada. Escríbele en cuanto yo muera, porque me estoy muriendo, Lois, y alabado sea el Señor que me permite reunirme con mi marido tan pronto —tan grande era el egoísmo del amor conyugal; ¡en tan poco tenía la madre la desolación de Lois comparada con su júbilo por la pronta reunión con el marido difunto!—. Escribe a tu tío, Ralph Hickson, Salem, Nueva Inglaterra (anótalo en tus tablillas, hija), y dile que yo, Henrietta Barclay, le encomiendo, por cuanto ame en el cielo y en la tierra, por su salvación tanto como por el antiguo hogar de Lester Bridge, por el padre y la madre que nos dieron el ser y por los seis hijos pequeños que murieron entre él y yo, que te acoja en su hogar como si fueses de su propia sangre, pues lo eres. Tiene esposa e hijos propios, y nadie ha de temer tenerte en su familia, Lois mía, cariño, mi niña. ¡Ay, Lois, ojalá murieses conmigo! ¡Pensar en ti me vuelve dolorosa la muerte!


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