Cuentos goticos
Cuentos goticos —Y los piratas estuvieron en Marblehead desde su último viaje, capitán Holdernesse. Llegaron el invierno pasado, piratas papistas franceses. No salió nadie de casa porque no sabÃan lo que pasarÃa; y desembarcaron a gente a la orilla. DebÃan de ser prisioneros de algún barco, y habÃa una mujer entre ellos. Y los piratas los llevaron a la fuerza al pantano; y los de Marblehead esperaron quietos y callados, con todas las armas cargadas, atentos a lo que pudiesen hacer a continuación los bucaneros salvajes; y, en plena noche, oyeron el grito lastimero de una mujer en el pantano: «¡Cristo bendito, apiádate de mÃ! ¡Sálvame del poder del hombre, Jesús!». Y a todos los que lo oyeron se les heló la sangre en las venas, hasta que la anciana Nance Hickson, que estaba sorda como una tapia y llevaba años postrada en la cama, se levantó y, delante de la gente reunida en casa de su nieto, dijo que, como ellos, los habitantes de Marblehead, no habÃan tenido valor ni fe suficientes para socorrer a los desvalidos, ellos y sus hijos seguirÃan oyendo el grito de una mujer agonizante hasta el fin de los tiempos. Nance cayó muerta nada más decir esto, y los piratas se hicieron a la mar al amanecer; pero la gente de allà sigue oyendo aquel grito lastimero en las desiertas marismas: «¡Cristo bendito, apiádate de mÃ! ¡Sálvame del poder del hombre, Jesús!».