Cuentos goticos
Cuentos goticos —Y por eso —dijo con voz de bajo profundo el anciano Hawkins, que tenÃa el fuerte acento nasal de los puritanos (que, según Butler, «blasfemaban gangosamente»[29])—, el piadoso señor Noyes ordenó un ayuno en Marblehead y pronunció un sermón conmovedor sobre las palabras «Cada vez que dejasteis de hacer eso con uno de mis pequeñuelos, dejasteis de hacerlo conmigo»[30]. Pero yo a veces pienso si toda la visión de los piratas y el grito de la mujer no serÃan una estratagema de Satanás para tentar al pueblo de Marblehead y ver el fruto que daba su doctrina, y condenarlos asà a los ojos del señor. Pues, en tal caso, el enemigo habrÃa conseguido un gran triunfo, ya que sin duda era impropio de cristianos no ayudar a una mujer desvalida en su gran aflicción.
—Pero no fue una visión, señor —dijo la viuda Smith—. Eran hombres de carne y hueso los que desembarcaron, rompieron ramas y dejaron las huellas de sus pisadas en el suelo.