Cuentos goticos
Cuentos goticos Su voz serena enloqueció a Grace, que hizo un gesto como si cogiera un puñado de tierra del suelo y se lo tirara a Lois, gritando:
—¡Bruja! ¡Bruja! ¡Pide piedad para ti, yo no necesito tus plegarias! Las plegarias de las brujas se interpretan al revés. ¡Te escupo y te desafÃo!
Y, dicho esto, se marchó.
Lois pasó toda la noche gimiendo. Lo único que podÃa decir era: «¡Que Dios me consuele! ¡Que Dios me dé fuerzas!». Sólo sentÃa esa necesidad, nada más. Todos los demás temores y necesidades parecÃan haber muerto en su interior. Y, cuando el carcelero le llevó el desayuno por la mañana, informó de que se habÃa «vuelto tonta», pues, en realidad, no dio muestras de reconocerlo y siguió meciéndose atrás y adelante susurrando con una sonrisa de vez en cuando.