Cuentos goticos
Cuentos goticos Llegó la mañana; y, con ella, la hora de ir a morir. Quienes entraron en la celda encontraron a Lois dormida, con la cara apoyada en la anciana, profundamente dormida también y con la cabeza aún apoyada en su regazo. Cuando la despertaron parecÃa confusa, como si no supiera exactamente dónde estaba; tenÃa de nuevo aquella expresión «tonta» en su rostro pálido. Daba la impresión de que sólo era consciente de la obligación de proteger a toda costa a la pobre india de algún peligro. Esbozó una leve sonrisa al ver la luz brillante de la mañana de abril; rodeó con un brazo a Nattee e intentó calmarla con palabras tranquilizadoras de sentido incierto y pasajes sagrados de los Salmos. Nattee se agarró más fuerte a Lois cuando se acercaban a la horca y la multitud escandalosa empezó a vociferar. Lois redobló sus esfuerzos por calmarla y animarla, como si no se diera cuenta de que el oprobio, los gritos, las piedras y el barro iban dirigidos contra ella. Pero cuando separaron de ella a Nattee y se la llevaron a morir primero, pareció recuperar de pronto la noción de la pavorosa realidad del momento. Miró con ojos desorbitados a su alrededor, tendió los brazos a alguien que parecÃa ver a lo lejos y exclamó con una voz que estremeció a cuantos la oyeron: «¡Madre!». Un momento después, el cuerpo de la bruja Lois se balanceaba en el aire y todo el mundo estaba paralizado, sobrecogido por un súbito asombro, el miedo a un crimen terrible.