Cuentos goticos
Cuentos goticos Pero, cuando el capitán Holdernesse movió la cabeza (pues ¿qué podÃa decir, cómo podÃa negar lo que era tan evidentemente cierto?), Hugh añadió:
—¿Sabes cuál es el dÃa que ha reservado ese juez?
—El veintinueve de abril.
—Entonces, ese dÃa, uniré mis oraciones aquà en Barford, en Inglaterra, mientras viva, a las del juez arrepentido, para que su pecado se olvide y no quede memoria de él. Ella también lo habrÃa querido asÃ.