Cuentos goticos
Cuentos goticos En cuanto se descubrió aquella preciosa reserva de su madre, fue un alivio para la tranquilidad de Bessy no saber lo mal que contaba su tía las monedas. Confundía las guineas con los chelines, o a la inversa, de forma que la cantidad casi nunca era la misma en la vieja tetera negra sin pitorro. Pero su hijo, su esperanza, su amor, seguía ejerciendo un extraño poder de fascinación en la casa. La tarde antes de marcharse se había sentado con las manos entre las de sus padres, y Bessy, en el viejo banquillo, con la cabeza apoyada en las rodillas de su tía, alzaba la vista hacia Benjamin de vez en cuando, como para aprenderse su cara de memoria, hasta que las miradas de él se cruzaban con las suyas y la obligaban a bajar los ojos, con un suspiro.