Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Yo creo que le quedan muy bien esas patillas a la moda, tía! —dijo Bessy, ruborizándose aún al recordar el beso que le había dado a modo de saludo, y que la pobre creía una prueba de que, a pesar de su largo silencio epistolar, aún la consideraba su prometida. Algunas cosas de Benjamin no le gustaban a ninguno, aunque no las mencionasen nunca, pero también les complacía que se quedara tranquilo en la granja en vez de hacer continuas escapadas a la ciudad próxima en busca de diversión como antes. Nathan había pagado todas las deudas de Benjamin de las que tenía conocimiento poco después de que se marchara a Londres. Así que sus padres creían que no era el temor a los acreedores lo que le obligaba a quedarse en casa. Y salía por la mañana con el anciano, su padre, y le acompañaba mientras Nathan recorría los campos con andares decididos aunque débiles, poniendo toda su alma en lo que pasaba, como habría dicho él, pues le parecía que al fin su hijo se interesaba por los asuntos de la granja y no se movía de su lado mientras él comparaba sus pequeñas vacas galloway con las grandes short-horn que asomaban tras el seto del vecino.