Cuentos goticos
Cuentos goticos —Es una carta tuya para Benjamin, es… lleva algo escrito, «Destinatario desconocido»; asà que la han devuelto al remitente, que eres tú, tÃo. ¡Ay, qué susto me han dado esas horribles palabras!
Nathan habÃa cogido la carta y le daba vueltas esforzándose por comprender lo que la aguda Bessy habÃa entendido de un solo vistazo. Pero llegó a una conclusión diferente.
—¡Ha muerto! —exclamó—. ¡El muchacho ha muerto sin saber cuánto lamento haberle escrito una carta tan dura! ¡Hijo mÃo, mi muchacho!
Se sentó en el suelo allà mismo y se cubrió la cara con las manos arrugadas. Era una carta que habÃa escrito con infinito esfuerzo y en diferentes momentos para decirle a su hijo, con palabras más amables y más por extenso que en la anterior, las razones por las que no podÃa enviarle el dinero que le pedÃa. Y ahora Benjamin habÃa muerto. Más aún, el anciano llegó de inmediato a la conclusión de que su hijo habÃa muerto de hambre y sin dinero en un lugar extraño, enorme y salvaje. Sólo pudo decir de momento:
—El corazón, Bessy… ¡se me desgarra el corazón!
Se llevó una mano al costado mientras seguÃa cubriéndose los ojos con la otra, como si no quisiera volver a ver la luz del dÃa. Bessy se agachó a su lado en seguida, abrazándole, frotándole y besándole.