Cuentos goticos
Cuentos goticos Bessy estaba llorando muy agitada, aunque creía firmemente en su propia versión de lo sucedido, y la apertura de la desagradable carta había sido un gran alivio. Empezó a pedir a su tío, de palabra y de obra, que no siguiera sentado en la hierba húmeda. Le ayudó a levantarse, porque estaba agarrotado y «temblaba como un azogado», según decía él. Le obligó a caminar, repitiéndole una y otra vez su conclusión sobre el asunto, siempre con las mismas palabras, empezando una y otra vez: «No ha muerto; sólo se ha mudado», etcétera. Nathan movía la cabeza e intentaba convencerse; pero, aun así, en su fuero interno lo creía firmemente. Cuando llegó a casa con Bessy (que no le dejó seguir con su trabajo) parecía tan enfermo que su esposa decidió que se había resfriado y él, cansado e indiferente a todo, agradeció dejarse caer en la cama y hallar reposo para la tensión que su verdadera enfermedad física le producía. Ni Bessy ni él volvieron a hablar de la carta en muchos días; ni siquiera entre ellos. Y Bessy encontró la forma de impedir que Mark Benson lo hiciera, contándole el lado optimista de su propia versión del asunto para satisfacer la amable curiosidad del cartero.