Cuentos goticos
Cuentos goticos Tuvieron que ingeniárselas de muchas maneras tras el golpe que tan desdichadamente había minado las energías de toda la familia. Nathan ya no podía desenvolverse igual y dirigir a sus dos hombres, y debía encargarse personalmente de buena parte del trabajo cuando había mucho. Hester perdió el interés por la vaquería, incapacitada, de hecho, por la progresiva pérdida de vista. Bessy lo mismo trabajaba en el campo que atendía a las vacas y el establo, hacía la mantequilla y el queso. Lo hacía todo bien, sin alegría ya, pero con cierta inconmovible habilidad. No lo lamentó cuando su tío les dijo una tarde que John Kirkby, un granjero vecino, le había hecho una oferta por las tierras, y que él se quedaría sólo los prados que necesitaba para dos vacas y ninguna de cultivo; Kirkby no quería entrometerse en la casa, pero le gustaría poder utilizar algunas de las dependencias para el ganado de engorde.
—Podemos arreglarnos con Hawky y Daisy; sacaremos ocho o diez libras de mantequilla para llevar al mercado en verano, y no tendremos que preocuparnos demasiado, que es lo que me aterra con los años.
—Sí —dijo su esposa—. No tendrás que ir tan lejos si te quedas sólo esos prados. Y Bess ya no podrá estar orgullosa del queso y tendrá que hacer mantequilla de nata. Yo siempre quise intentarlo, pero había que hacerla con suero; además, de donde yo soy, no querían ni ver la mantequilla de suero.