Cuentos goticos
Cuentos goticos La casita era de reducido tamaño. La puerta principal daba directamente a una sala, sobre la que quedaba el dormitorio de matrimonio. Según se entraba en esta la acogedora sala, a la izquierda, y en ángulo recto con la entrada, una puerta daba a una salita que era el orgullo de Hester y de Bessy, pese a ser mucho menos confortable que la sala, y a que nunca, en ninguna ocasión, se usaba como cuarto de estar. Había conchas y ramos de lunaria en la chimenea; la mejor cómoda, un juego de porcelana de colores vivos y una alfombra clara corriente en el suelo. Pero todo ello no le daba el mismo aire cálido y hogareño y la delicada pulcritud que tenía la sala. Sobre esta salita estaba el dormitorio que había ocupado Benjamin de pequeño, cuando vivía en casa. Seguía siendo su habitación. Allí seguía la cama, en la que no había dormido nadie desde la última vez, hacía ocho o nueve años; y de cuando en cuando, su madre subía silenciosa y tranquilamente el calentador y aireaba bien la cama. Pero lo hacía siempre cuando su marido no estaba en casa y sin decir una palabra a nadie. Ni siquiera Bessy se ofrecía a ayudarla, aunque se le llenaban los ojos de lágrimas al verla repetir la operación sin esperanza. Pero el dormitorio se había convertido en receptáculo de todos los objetos que no utilizaban. Y siempre había un rincón para almacenar las manzanas en invierno. Otras dos puertas a la izquierda del salón miraban hacia el fuego frente a la ventana y la puerta principal. La de la derecha daba a una especie de trascocina, y tenía un cobertizo, y una puerta que llevaba al corral y a las instalaciones de atrás. La puerta de la izquierda daba a la escalera, debajo de la cual había un armario en el que guardaban varios tesoros familiares y, más allá, la vaquería, encima de la que quedaba el dormitorio de Bessy. La pequeña ventana de su alcoba se abría justo sobre el tejado inclinado de la trascocina. Las ventanas no tenían persianas ni postigos, ni arriba ni abajo. La construcción era de piedra, con armazón del mismo material en las pequeñas ventanas de bisagras, y el ventanal bajo del salón estaba dividido por lo que en moradas más espléndidas se llamaban parteluces.