Cuentos goticos
Cuentos goticos Para el propósito que he mencionado, tuve que instalarme en Tours durante un tiempo. Había trazado la descendencia de la familia Calvino desde Normandía hasta el centro de Francia; pero resultó que necesitaba un permiso del obispo de la diócesis para consultar ciertos documentos familiares que habían caído en manos de la Iglesia; y, como tenía varios amigos ingleses en Tours, esperé la respuesta a mi solicitud a monseigneur de … en esa ciudad. Estaba dispuesto a aceptar cualquier invitación, pero recibí muy pocas, y a veces no sabía muy bien qué hacer por las tardes. El menú del día se servía a las cinco en punto; no deseaba incurrir en el gasto del salón privado, no me gustaba el ambiente de la salle à manger, no sabía jugar al plato ni al billar y el aspecto de los demás huéspedes era bastante poco atractivo para incitarme a participar en juegos tête-à-tête con ellos. Así que solía levantarme de la mesa en seguida y procuraba aprovechar al máximo la luz de las tardes de agosto explorando los alrededores a paso ligero. A mediodía hacía demasiado calor para eso, y era mejor repantigarse en un banco de los bulevares a escuchar lánguidamente la banda lejana y a observar con idéntica pereza el rostro y la figura de las mujeres que pasaban.