Cuentos goticos
Cuentos goticos «Son gente hospitalaria, sin duda —me dije—. Quizá me ofrezcan una cama. No creo que los propietarios franceses tengan tantos cabriolés y caballos como los caballeros ingleses; pero sin duda están celebrando una gran fiesta, y a lo mejor algunos invitados son de Tours y me llevan al Lion d’Or. No soy orgulloso y estoy rendido. No me importa ir colgado detrás si hace falta».
Asà que di un poco de brÃo y ánimo a mi paso y subà hasta la puerta, que estaba abierta muy hospitalariamente y por la que se veÃa un gran vestÃbulo iluminado, lleno de trofeos de caza, armaduras y demás, en cuyos detalles no me dio tiempo a fijarme, pues en cuanto pisé el umbral apareció un portero enorme, ataviado con un traje anticuado rarÃsimo, una especie de librea muy acorde con el aspecto general de la casa. Me preguntó mi nombre y de dónde era en francés (con tan curiosa pronunciación que creà haber dado con un nuevo patois). Me pareció que no se enterarÃa, pero lo correcto era responder antes de pedirle ayuda; asà que le dije:
—Me llamo Whittingham, Richard Whittingham, soy un caballero inglés y me alojo en…
Para mi gran sorpresa, una placentera luz de reconocimiento cubrió el rostro del gigante. Me hizo una reverencia y me dijo (en el mismo dialecto extraño) que era bienvenido y que me esperaban hacÃa tiempo.