Cuentos goticos
Cuentos goticos —Y ambas son encantadoras —dijo alguien en un susurro a mi lado—. Señor marqués, dÃgalo, diga: «Y ambas son encantadoras».
—Y ambas son encantadoras —dijo otra persona ahora en voz alta. Me volvà y vi al astuto ayudante gatuno que apuntaba a su amo frases galantes.
Las damas se inclinaron con ese reconocimiento altivo que indica que los cumplidos de esa procedencia son de mal gusto. Pero habÃan interrumpido nuestra conversación a tres y lo lamenté. ParecÃa que el marqués se habÃa animado a hacer aquel único comentario y esperaba que no contaran con que hiciera más; mientras el ayudante seguÃa detrás de él con actitud y modos serviles e impertinentes. Me pareció que las damas lamentaban la torpeza del marqués y, como verdaderas señoras que eran, le hicieron algunas preguntas triviales sobre asuntos sin importancia. El ayudante, mientras tanto, hablaba para sà en tono gruñón. Me habÃa retirado un poco ante la interrupción de una conversación que prometÃa ser agradable y no pude evitar oÃr lo que decÃa.
—La verdad es que De Carabás es cada dÃa más estúpido. Creo que me quitaré sus botas y que se las apañe. Yo estaba destinado a la corte e iré a la corte y me labraré mi propia fortuna como he labrado la suya. El emperador apreciará mis dotes.