Cuentos goticos
Cuentos goticos —Se llama Poucet. Creo que su padre era leñador, carbonero o algo parecido. Cuentan historias lamentables de complicidad en asesinato, ingratitud y dinero conseguido con engaños, pero pensará que soy como él si sigo con mis calumnias. Es mejor que admiremos a la hermosa dama que se acerca con las rosas en la mano, nunca la he visto sin rosas, están muy estrechamente relacionadas con su pasado, como sin duda sabrá perfectamente. ¡Eh, bella! —le dijo a la dama que se acercaba—, muy propio de ti venir a verme ahora que ya no puedo ir a verte yo —se volvió y añadió, incluyéndome graciosamente en la conversación—: Sabrá que aunque nos conocimos cuando ya estábamos casadas, desde entonces somos casi como hermanas. Nuestras circunstancias tienen muchos puntos en común y creo que podrÃa decir que también nuestros caracteres. Ambas tenÃamos dos hermanas mayores, aunque las mÃas eran hermanastras, que no fueron todo lo amables que podrÃan haber sido con nosotras.
—Pero se han arrepentido después —terció la otra dama.
—Desde que somos princesas consortes —siguió la primera, con una sonrisa pÃcara y sin malicia—, pues ambas nos casamos muy por encima de lo que por nuestro origen nos correspondÃa, no hemos tenido el hábito de la puntualidad y, a causa de ese defecto, ambas hemos tenido que sufrir humillación y dolor.