Cuentos goticos
Cuentos goticos II
La sombrerera de París envió a Les Rochers a una mujer normanda, que se llamaba Amante, para que fuese mi doncella. Era alta y apuesta, aunque pasaba de los cuarenta, y estaba un poco demacrada. Pero me agradó a simple vista. No era seca ni se tomaba confianzas y tenía una agradable actitud de franqueza que había echado de menos en todos los habitantes del castillo, tomándolo estúpidamente por un defecto nacional. Monsieur de la Tourelle pidió a Amante que se sentara en mi tocador y que estuviese siempre donde pudiese oírme si la necesitaba. Le dio también muchas instrucciones sobre sus deberes en asuntos que, tal vez, fuesen estrictamente de mi incumbencia. Pero yo era joven e inexperta, y agradecía que me ahorrasen cualquier responsabilidad.