Cuentos goticos
Cuentos goticos La cena se sirvió en seguida: perdices, pan, fruta y crema. ¡Qué bien recuerdo aquella cena! Guardamos el bizcocho intacto en una especie de aparador, tiramos el café frío por la ventana para que los sirvientes no se ofendieran por la evidente extravagancia de pedir comida que no podía tomar. Estaba tan impaciente esperando que todos se acostaran que le dije al criado que no esperara para retirar las bandejas y los platos y que podía irse a la cama. Amante me hizo esperar hasta mucho después de que me pareciera que todo estaba en silencio. Eran más de las once cuando por fin salimos sigilosamente y con la luz cubierta a los pasadizos para ir a la habitación de mi marido a robar mi carta, si es que estaba allí, algo de lo que Amante parecía cada vez menos segura en el curso de nuestra discusión.