Cuentos goticos
Cuentos goticos Tal era el acomodo que brindaba la Casa Blanca. No parecía muy tentadora para los forasteros, aunque la buena gente de Barford se ufanase bastante de ella, siendo como era la casa más grande de la población, donde se habían reunido a menudo en las entrañables comidas del señor Clavering la «gente del pueblo» y la «gente del condado». Para apreciar esta circunstancia de grato recuerdo, el lector tendría que haber vivido unos años en una pequeña población rural rodeada de mansiones señoriales. Entendería entonces que el saludo de un miembro de una familia distinguida del condado hace creerse a quienes lo reciben tan honrados como el par de jarreteras azules con flecos plateados al pupilo del señor Bickerstaff[8]. Después flotan ingrávidos en el aire un día entero. Ahora que el señor Clavering se había ido, ¿dónde iban a poder mezclarse pueblo y condado?