Cuentos goticos

Cuentos goticos

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Se restableció con el descanso nocturno. Despertamos temprano, acabamos el trabajo y compartimos el copioso desayuno de la familia. Luego reanudamos la marcha. Sólo sabíamos que no debíamos ir a Forbach, creyendo, como era realmente, que Forbach quedaba entre donde estábamos y la región de Alemania a la que nos dirigíamos. Seguimos otros dos días vagando, supongo que dimos un rodeo volviendo a la carretera de Forbach, una o dos leguas más cerca de dicha ciudad que la casa del herrero. Pero, como casi nunca preguntábamos, no sabía dónde estábamos cuando una noche llegamos a un pueblo con una posada grande e irregular en el centro de la calle principal. Habíamos empezado a pensar que eran más seguras las ciudades que la soledad del campo. Pocos días antes nos habíamos desprendido de un anillo mío que le vendimos a un joyero ambulante. El hombre estaba demasiado contento de comprarlo por mucho menos de lo que valía para hacer muchas preguntas sobre cómo había llegado a manos de un pobre sastre, que es lo que parecía Amante; así que decidimos pasar la noche en aquella posada, y recoger toda la información que pudiéramos para orientarnos.





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