Cuentos goticos
Cuentos goticos El señor Jones, el empleado del administrador, quedó en acudir al George a las dos, aunque había algo en el individuo que no le gustaba. Al señor Jones no le gustaba admitir, ni siquiera para sí, que un hombre con una bolsa llena de dinero, que mantenía muchos caballos y hablaba con familiaridad de los nobles (y, sobre todo, que se planteaba alquilar la Casa Blanca), pudiese ser otra cosa que un caballero; pero aun así, la incómoda incógnita de quién podría ser aquel tal señor Robinson Higgins ocupó el pensamiento del empleado mucho después de que el señor Higgins, los criados del señor Higgins y el semental del señor Higgins tomasen posesión de la Casa Blanca.