Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Tomad! —les dijo, sacando un puñado de monedas de plata y de cobre y arrojándolas en medio de ellos—. ¡A la rebatiña! ¡Luchad por ellas, amigos! Si vais esta tarde a las tres al George os daré más.
Y los muchachos le vitorearon mientras se alejaba con el empleado del administrador. Él rio entre dientes, como de alguna idea agradable.
—Me divertiré un poco con esos muchachos —dijo—, les enseñaré a andar rondándome y fisgoneando. Le explicaré lo que voy a hacer. Calentaré tanto las monedas en la paleta de la chimenea que se quemarán los dedos. Venga y verá qué cara ponen y cómo gritan. Me gustarÃa mucho que almorzase conmigo a las dos; para entonces tal vez haya tomado ya una decisión sobre la casa.