Cuentos goticos
Cuentos goticos Él me pidió que te pusiera su apellido. No has conocido a otro padre hasta ahora, y mientras él vivió no te faltó el amor paterno. Sólo una vez, sólo una vez más, me dominó el antiguo terror. Por alguna razón que he olvidado, rompí la costumbre y me acerqué a la ventana de mi habitación para cerrarla o para abrirla. Y al mirar por ella un instante, quedé fascinada al ver a monsieur de la Tourelle al otro lado de la calle, tan alegre, joven y elegante como siempre. El ruido que hice con la ventana le hizo alzar la vista: me vio, vio a una anciana canosa y no me reconoció. Pero no hacía tres años que nos habíamos separado y sus ojos eran agudos y aterradores como los de un lince.
Se lo dije al doctor Voss cuando volvió a casa, y él intentó animarme, pero la impresión de ver a monsieur de la Tourelle había sido demasiado terrible. Pasé meses enferma.