Cuentos goticos
Cuentos goticos —No, señor, no sé dónde se aloja el señor B. Viajan muchos caballeros en los trenes; pero seguro que puede informarle la persona que está junto a esa columna.
El individuo al que dirigió la atención del indagador tenÃa aspecto de comerciante: bastante respetable, pero sin la menor pretensión de «señorÃo», y daba la impresión de que no tenÃa más tarea urgente que observar con parsimonia a los pasajeros que transitaban por la estación. Sin embargo, cuando le preguntó, contestó con prontitud y cortesÃa.
—¿El señor B.? ¿Un caballero alto de cabello claro? SÃ, señor, conozco al señor B. Hará tres semanas o más que se aloja en el número 8 de Morton Villas, pero no le encontrará allà ahora, señor. Se fue a la ciudad en el tren de las once y suele volver en el de las cuatro y media.
El amigo del campo estaba deseando volver al pueblo para comprobar la veracidad de esta afirmación. Dio las gracias a su informador y dijo que visitarÃa al señor B. en su despacho de la ciudad. Pero, antes de marcharse de R., preguntó al empleado quién era la persona a quien le habÃa remitido para que le informase de la dirección de su amigo.
—Es un agente de la policÃa de investigación, señor —fue la respuesta.
