Cuentos goticos
Cuentos goticos —El señor Nat Hearn —repitió el señor Merton, tomando nota de la información. Luego volvió a la carta del Ministerio—. También hay un trozo de una llave pequeña, que se rompió en el vano intento de abrir un escritorio… Bien, bien. Nada más que tenga importancia. Tenemos que basarnos en la carta.
—El señor Davis me dijo que se lo habÃa contado el señor Higgins… —dijo la señorita Pratt.
—¡Higgins!… ns —exclamó el señor Merton, interrumpiéndola—. ¿Te refieres a Higgins, el fanfarrón que se fugó con la hermana de Nat Hearn?
—¡SÃ! —dijo la señorita Pratt—. Pero, aunque nunca me ha gustado mucho…
—Ns —repitió el señor Merton—. Es horrible planteárselo; un miembro de la partida de caza… ¡el yerno de nuestro buen amigo el señor Hearn! ¿Quién más tiene apellidos que acaben en ns en Barford?
—A ver, Jackson, Higginson, Blenkinsop, Davis y Jones. ¡Primo! Hay una cosa que me sorprende… ¿cómo sabÃa el señor Higgins todo lo que le contó al señor Davis el martes sobre lo que habÃa ocurrido el domingo por la tarde?