Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Mala noticia sobre la moralidad de tu pueblo, Jessy! —dijo, señalando una carta—. Hay entre vosotros un asesino o algún amigo de un asesino. Degollaron a una pobre señora de Bath el domingo de la semana pasada, y he recibido una carta del Ministerio del Interior pidiéndome que les preste «mi muy eficaz ayuda», como les gusta decir, para dar con el culpable. Parece que el asesino debÃa estar sediento y de muy buen humor, porque antes de emprender su horrenda tarea abrió un barril de licor de jengibre que reservaba la anciana, y envolvió la espita con el trozo de una carta que es de suponer que sacó del bolsillo; y ese trozo de carta se encontró después; sólo hay estas letras por la parte de fuera, «ns, Esq., -arford, -egworth», que alguien ha descubierto ingeniosamente que corresponden a Barford, cerca de Kegworth. Por otro lado, hay cierta alusión a un caballo de carreras, deduzco yo, aunque el nombre es bastante singular: «Iglesia y Rey y abajo el Parlamento»[14].
La señorita Pratt identificó el nombre inmediatamente; habÃa herido sus sentimientos de disidente pocos meses antes y lo recordaba muy bien.
—El señor Nat Hearn tiene… o tenÃa, pues estoy hablando en el estrado de los testigos, por asà decirlo, y debo cuidar los tiempos verbales, un caballo con ese ridÃculo nombre.