Cuentos goticos
Cuentos goticos —SÃ, el señor Higgins creÃa que habrÃa salido en el periódico de Londres.
—Eso serÃa imposible. ¿Dónde se enteró el señor Higgins de todo?
—No sé, no se lo pregunté. Creo que regresó ayer, alguien comentó que estaba en el sur recaudando las rentas.
La señorita Pratt gruñó. SolÃa desahogar el disgusto y los recelos que le inspiraba el señor Higgins con un gruñido siempre que mencionaban su nombre.
—Bueno, tardaremos unos dÃas en vernos. Godfred Merton me ha pedido que vaya a visitarlos a él y a su hermana, y creo que me sentará bien —dijo—. Además —añadió—, estas noches de invierno y esos asesinos sueltos por el paÃs… No me gusta nada vivir sin otra ayuda que Peggy en caso de necesidad.
La señorita Pratt fue a pasar unos dÃas con su primo el señor Merton, que era magistrado en activo y disfrutaba de prestigio como tal. Un dÃa este llegó a casa después de recibir la correspondencia.