Hijas y esposas
Hijas y esposas —No sé más de lo que sabÃa hace seis meses… en noviembre pasado, cuando fuiste a ver a lady Cumnor. Por entonces vino a visitarnos, y me dio la dirección de su mujer, pero aún bajo promesa de no decir nada; y, exceptuando esas dos veces, no volvà a oÃr hablar de ella. Creo que la segunda vez me habrÃa contado más, pero llegó la señorita Phoebe.
—¿Dónde está su esposa?
—En el sur; cerca de Winchester, creo. Dijo que era francesa, y católica; y creo que dijo que habÃa trabajado de niñera —añadió Molly.
—¡Vaya! —Su padre soltó un largo silbido de consternación.
—Y —prosiguió Molly—, me habló de un hijo. Ahora ya sabes tanto como yo, papá, excepto la dirección. La anoté y la guardé en casa, en un lugar seguro.
Olvidando al parecer la hora que era, el señor Gibson se sentó, estiró las piernas, se metió las manos en los bolsillos y se puso a pensar. Molly no decÃa nada: estaba demasiado cansada para hacer otra cosa que esperar.