Hijas y esposas
Hijas y esposas —Todo es cierto —comenzó a decir—, es su mujer, y él es… era su marido… Esa es la palabra… era. ¡Pobre muchacho! ¡Pobre muchacho! Qué caro le ha costado. Por favor, Señor, no ha sido culpa mÃa. Lee esto, querida. Es un certificado. Todo está en orden. Osborne Hamley casado con Marie-Aimée Scherer… la parroquia y los testigos. ¡Oh, querida! —Se sentó en la silla que tenÃa más cerca y soltó un gruñido. Molly se sentó a su lado y leyó el documento, aunque no necesitó leerlo atentamente para convencerse de la realidad del matrimonio. Aún lo sostenÃa en la mano después de leerlo, a la espera de que el señor Hamley dijera algo coherente; pues él no dejaba de hablar para sà en frases entrecortadas—. ¡Ay, ay, es un castigo a mi mal carácter, a mi mal humor! Ella era la única que podÃa… He ido a peor desde que ella se fue. ¡A peor, sÃ, a peor! Y mira lo que ha pasado. Él tenÃa miedo de mÃ… sÃ, miedo. Esa es la única verdad: me tenÃa miedo. Y por eso no me dijo nada, y la preocupación lo mató. Lo mismo da que digan que estaba enfermo del corazón… Oh, mi muchacho, mi muchacho, ahora sé la verdad; pero es demasiado tarde, y eso es lo que más me duele… ¡demasiado tarde, demasiado tarde! —Se cubrió la cara con las manos y empezó a balancearse adelante y atrás hasta que Molly ya no pudo más.