Hijas y esposas

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LIII

ROBINSON le abrió la puerta a Molly casi antes de que el carruaje se detuviera a la puerta de la mansión, y le dijo que el señor hidalgo esperaba impaciente su llegada, y que en más de una ocasión le había mandado al piso de arriba, desde donde se divisaba la carretera que unía Hollingford y Hamley, para que vigilara por la ventana cuándo aparecía el carruaje. Molly entró en la sala. El terrateniente estaba de pie en mitad de la estancia, esperándola; de hecho, deseando salir a recibirla, pero conteniéndose porque creía que debía guardar las formas, que le impedían moverse según su costumbre en aquella casa de luto. Tenía un papel en las manos, que temblaban de excitación y emoción; sobre una mesa, cerca de él, había cuatro o cinco cartas abiertas.







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