Hijas y esposas
Hijas y esposas ROBINSON le abrió la puerta a Molly casi antes de que el carruaje se detuviera a la puerta de la mansión, y le dijo que el señor hidalgo esperaba impaciente su llegada, y que en más de una ocasión le habÃa mandado al piso de arriba, desde donde se divisaba la carretera que unÃa Hollingford y Hamley, para que vigilara por la ventana cuándo aparecÃa el carruaje. Molly entró en la sala. El terrateniente estaba de pie en mitad de la estancia, esperándola; de hecho, deseando salir a recibirla, pero conteniéndose porque creÃa que debÃa guardar las formas, que le impedÃan moverse según su costumbre en aquella casa de luto. TenÃa un papel en las manos, que temblaban de excitación y emoción; sobre una mesa, cerca de él, habÃa cuatro o cinco cartas abiertas.