Hijas y esposas
Hijas y esposas —Ah, pero mi intención no es hablar de su carácter. SerÃa incapaz de hacerlo, y me parecerÃa una impertinencia. Sólo puedo hablar de sus caras tal como las veo en el dibujo.
—Bueno, pues dime qué piensas de ellos.
—El mayor, el que lee, es muy guapo; pero no acabo de verle bien la cara porque tiene la cabeza gacha, y esconde los ojos. ¿Ése es Osborne Hamley, el que escribe poesÃa?
—SÃ. Ahora no es tan guapo, pero antes era un muchacho precioso. Roger nunca se le pudo comparar.
—No, no es guapo. Y sin embargo me gusta su cara. Puedo verle los ojos. Tienen un aspecto grave y solemne; pero el resto de su cara es más alegre que otra cosa. Parece demasiado sensato, demasiado serio, hay demasiada bondad en su expresión para incitar a su hermano a dejar el estudio.