Hijas y esposas

Hijas y esposas

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—He llevado a Mary… a lady Cuxhaven, a la estación de tren, a esa nueva línea que hay entre Birmingham y Londres, y se me ocurrió pasar por aquí, y darte la enhorabuena, Clare. ¿Cuál es la agraciada? —Se puso los lentes y miró a Cynthia y a Molly, que vestían de manera muy parecida—. Creo que no estaría de más que te diera algún consejo, jovencita —añadió cuando le señalaron a Cynthia—. He oído hablar mucho de ti; y me alegro mucho, por tu madre; tu madre es una mujer de grandes cualidades, y mientras estuvo en nuestra familia cumplió con su deber a la perfección; y me alegra muchísimo, digo, saber que vas a contraer tan honorable matrimonio. Espero que eso borre tus anteriores errores (los cuales, espero, fueran en realidad nimios) y que vivas para ser el sostén de tu madre, a quien lord Cumnor y yo tenemos en gran estima. Pero debes obrar con discreción sea cual sea el estado que Dios tenga a bien concederte, soltera o casada. Debes venerar a tu marido, y ajustarte a su opinión en todo. Piensa que él es el cabeza de familia, y no hagas nada sin consultarle. —Bueno fue que lord Cumnor no se encontrara presente, pues habría podido darle por comparar precepto y práctica—. Lleva bien las cuentas de la casa, y recuerda cuál es tu posición en la vida. Tengo entendido que el señor —buscó con la mirada a alguien que la ayudara con ese nombre que había olvidado—. Anderson…, Henderson trabaja en el mundo legal. Aunque hay un extendido prejuicio contra los procuradores, he conocido a dos o tres que eran personas muy respetables; y estoy segura de que el señor Henderson lo es; de otro modo, tu madre y nuestro viejo amigo Gibson no habrían dado su consentimiento.


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