Hijas y esposas
Hijas y esposas —¡Cómo han cambiado las cosas desde que yo era joven! —dijo la señora Goodenough—. Asà que no soy quien para juzgar. La primera vez que me casé, mi marido y yo fuimos en silla de posta a casa de su padre, a unos treinta y dos kilómetros de distancia; y celebramos un opÃparo banquete con sus amigos y familiares. Y ése fue mi primer viaje de boda. La segunda vez que me casé ya sabÃa que era una buena esposa, y me dije que habÃa llegado el momento de ir a Londres. Pero me pareció un derroche ir tan lejos y gastar mi dinero, aunque con lo que Harry me habÃa dejado no me faltaba de nada. Pero ahora los jóvenes se van a ParÃs sin pensar en lo que cuesta: y ya está bien, siempre y cuando no acaben luego necesitando todo lo que malgastaron. Pero me alegra saber que está pensando en el futuro de la señorita Molly, como ya le dije. No es exactamente lo que yo harÃa por mi Bessy. Pero, como ya le he dicho, los tiempos han cambiado.