Hijas y esposas

Hijas y esposas

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—Estás muy cansada, ¿verdad?

Ella tensó los músculos, se incorporó y dijo con frialdad:

—Cuando esté cansada, te lo diré.

Y su fatiga resultó bien visible el resto de la velada, en su forma de sentare, demasiado erguida, en su rechazo de todos los sillones y escabeles, y en su negativa a la sugerencia (que tomó como un insulto) de irse a la cama un poco más pronto. Y persistió en esa actitud hasta que lord Cumnor abandonó las Towers. Esta actitud engañó a la señora Kirkpatrick, que no dejó de asegurarle a lord Cumnor que nunca había visto mejor a lady Cumnor, ni tan fuerte. Pero él era de corazón afectuoso, aunque de mente torpe; y, aunque incapaz de aducir ninguna razón, estaba casi seguro de que su mujer se encontraba mal. Sin embargo, temía demasiado a su mujer para llamar al señor Gibson sin su permiso, las últimas palabras que le dijo a Clare fueron:





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