Hijas y esposas
Hijas y esposas Probablemente fue una suerte que, justo en ese momento, anunciaran la llegada del señor Gibson. Es bastante curioso comprobar cómo la entrada de una persona del sexo opuesto en una reunión de hombres o mujeres sirve para calmar las pequeñas desavenencias o la incomodidad de la situación. Así ocurrió en aquel momento; nada más entrar el señor Gibson, milady se quitó las gafas y dejó de estar ceñuda; la señora Kirkpatrick consiguió un conveniente rubor, y la cara de Molly resplandeció de alegría, y sus dientes blancos y sus hermosos hoyuelos aparecieron como el sol en un paisaje.
Como es natural, tras los primeros saludos, milady tuvo una entrevista privada con el médico, y Molly y su futura madrastra pasearon por los jardines abrazadas por la cintura, o dándose la mano, como dos bebés en el bosque[27]. Era la señora Kirkpatrick quien desempeñaba un papel activo en tales muestras de cariño, y pasivo era el de Molly, quien se sentía por dentro muy tímida y extraña, pues poseía esa tímida humildad que nos hace sentir incómodos cuando recibimos caricias de una persona por la que nuestro corazón no siente un afecto impulsivo.