Hijas y esposas
Hijas y esposas MIENTRAS tanto, los amorÃos de aquella pareja de mediana edad iban sobre ruedas, hasta cierto punto; el punto, precisamente, que ambos encontraban más conveniente, aunque es muy probable que personas más jóvenes lo encontraran aburrido y prosaico. Lord Cumnor habÃa regresado a las Towers con gran alegrÃa al enterarse de la noticia por su esposa, y parecÃa pensar, también, que habÃa desempeñado un papel activo en la unión de aquella pareja por el solo hecho de haber mencionado dicha posibilidad. Las primeras palabras que le dirigió a lady Cumnor al respecto fueron:
—Te lo dije. ¡No me dirás que no te advertà que este asunto entre Gibson y Clare acabarÃa bien! HacÃa tiempo que no me llevaba una alegrÃa semejante. Puedes despreciar mis manejos de casamentero, milady, pero estoy muy orgulloso de ellos. Después de esto, veré qué puedo hacer con otras personas de mediana edad que están en su misma situación. No me entrometeré con los jóvenes, son tan caprichosos; pero he tenido tanto éxito en este caso que creo que tendré ánimos para continuar.
—¿Continuar… con qué? —preguntó secamente lady Cumnor.
—Oh… haciendo planes… No me negarás que fui yo quien concibió ese emparejamiento…