Hijas y esposas

Hijas y esposas

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Roger procuró con todas sus fuerzas encontrar una manera razonable y acertada de consolarla, pues también él, a su manera, lo sentía por la muchacha, quien, en atención a la señora Hamley, se esforzaba por mostrarse alegre, a pesar de su dolor íntimo. Roger consideraba que todo el mundo debía guiarse por unos principios elevados y unos nobles preceptos por el solo hecho de serlo. Pero no era así, pues siempre existe una cantidad desconocida de experiencia y sentimiento individuales (una cantidad que los demás no pueden calcular) que ofrecen una tácita resistencia a todos los buenos consejos y las nobles resoluciones. Pero el vínculo entre el Mentor y su Telémaco se reforzaba de día en día. El procuraba sacarla de sus mórbidos pensamientos e interesarla por cosas menos personales; y, como es natural, lo que tenía más a mano eran las cosas que le interesaban a él. Molly veía que eso le hacía bien, aunque no supiera ni cómo ni por qué; y, después de charlar con él, siempre imaginaba haber encontrado la clave de la bondad y la paz, de un modo u otro.






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