Hijas y esposas

Hijas y esposas

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Y así transcurrió el resto de la estancia de Molly en Hamley Hall. La señora Hamley le ofrecía toda su comprensión, y le gustaba oír los detalles; como dicen los franceses, ella le ofrecía su comprensión en détail[27a] y el señor hidalgo en gros[27b]. Éste se sentía muy apenado por la evidente tristeza de la muchacha, y casi culpable, como si hubiera tenido parte de culpa en lo ocurrido, por haber mencionado la posibilidad de que el señor Gibson volviera a casarse cuando Molly se instaló en su casa. Le dijo a su esposa en más de una ocasión:

—Hay que ver, ojalá nunca hubiera dicho aquellas desdichadas palabras el primer día, en la cena. ¿Recuerdas cómo se las tomó? Fue como una profecía de lo que iba a ocurrir, ¿verdad? Y a partir de ese día se la ha visto pálida, y no creo que desde entonces haya comido a gusto. De ahora en adelante debo ir con más cuidado con lo que digo. No es que Gibson no esté haciendo lo mejor, para él y para ella. Ayer mismo se lo decía. De todos modos, lo siento por la muchacha. ¡Ojalá nunca le hubiera hablado de eso, ojalá! Pero fue como una profecía, ¿no crees?




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