Hijas y esposas

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XIV

LA boda discurrió de la manera habitual. Lord Cumnor y lady Harriet vinieron de las Towers, de modo que la ceremonia se celebró a la hora más tardía posible. Lord Cumnor ofició de padre de la novia, y se le veía mucho más jubiloso que a los novios, y que a cualquier otro invitado. Lady Harriet cumplió con el papel de ayudante de la dama de honor, «para compartir los deberes de Molly», dijo. Salieron de la casa solariega en dos carruajes, rumbo a la iglesia que había en el parque: el señor Preston y el señor Gibson en uno, y Molly, para su consternación, atrapada entre lord Cumnor y lady Harriet en el otro. El vestido de muselina blanca de lady Harriet había asistido ya a un par de fiestas al aire libre, y ya no se le veía muy flamante; había sido un capricho de la joven en el último momento. Estaba muy contenta, y tenía muchas ganas de hablar con Molly a fin de averiguar qué clase de personaje sería la futura hija de Clare. Empezó diciendo:

—No debemos arrugar este hermoso vestido de muselina que llevas. Ponlo sobre las rodillas de papá, no le importará.

—¡Un vestido blanco, querida, claro que no me importa! Me encantará. Además, cuando uno va de boda, ¿qué más da todo? Otra cosa sería ir a un funeral.


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