Hijas y esposas
Hijas y esposas —Pero ella lo lamenta de corazón —suplicó Molly—. Dice que hará todo lo que desees, y atenderá a todas tus órdenes si la dejas quedarse.
—Cariño, pareces olvidar que no puedo ir contra mis principios, por mucho que lo sienta por Betty, que no deberÃa haber sido tan impetuosa. Como ya te he dicho, aunque nunca me gustó, y la consideraba una criada de lo más incompetente, muy mal acostumbrada por tantos años sin señora de la casa, la habrÃa tolerado (o al menos, eso creo) en la medida de mis posibilidades. Ahora ya casi he contratado a MarÃa, que antes estaba empleada en las Towers, por lo que no quiero oÃr hablar más de lo muy apenada que está Betty, ni de las penas de nadie más, pues entre las tristes historias de tu padre y todas esas cosas, me siento ya bastante alicaÃda.
Molly se quedó callada.
—¿Ya has contratado a MarÃa?