Hijas y esposas
Hijas y esposas ENTRE la «gente del condado» (como la señora Gibson los llamaba) que fueron a visitarla en su recién adquirida calidad de esposa, se contaron el señor Roger y el señor Osborne Hamley. Su padre, el terrateniente, felicitó al señor Gibson en persona cuando éste fue a su casa por motivos profesionales, pero la señora Hamley, incapaz de salir de visita, ansiosa de mostrarse atenta con la nueva esposa de su amable doctor, y con la curiosidad (no exenta de simpatía) de saber cómo se llevaban Molly y su madrastra, hizo que sus hijos cabalgaran hasta Hollingford con su tarjeta y sus disculpas. Entraron en el salón, de nuevos muebles, con un aspecto resplandeciente y lozano a causa de la cabalgada: primero Osborne, como siempre perfectamente vestido para la ocasión, y con esos primorosos modales que tan bien casaban con él; Roger, con aspecto de granjero inteligente, recio y alegre, seguía la estela de su hermano. La señora Gibson se había vestido para recibir a las risitas, y causaba el efecto que siempre quería causar, el de una mujer muy hermosa, no ya en la flor de su juventud, pero con maneras tan suaves y voz tan acariciadora que a la gente se le olvidaba preguntarse qué edad debía de tener en realidad. Molly ahora vestía mejor que antes: su madrastra ya se encargaba de eso. A la señora Gibson le desagradaba todo lo que fuera viejo o raído; le hacía daño a la vista; y no dejaba de importunar a la muchacha sobre cómo debía llevar la ropa, el pelo, los guantes y el calzado. Había intentado acostumbrarla a una rutina de baños de romero y cremas a fin de mejorar su piel atezada, pero, en estos asuntos, Molly se mostraba rebelde u olvidadiza, y la señora Gibson no podía ir cada noche a su habitación para ver si se aplicaba los cosméticos que tanto le costaba conseguir. Sin embargo, la apariencia de la muchacha había mejorado mucho, incluso para la mirada crítica de Osborne. Roger, en cambio, pretendía descubrir en su mirada y expresión si era feliz o no; su madre le había encargado especialmente que se fijara en tales signos.