Hijas y esposas
Hijas y esposas SI Molly creía que la paz moraba permanentemente en Hamley Hall, se equivocaba. Algo iba mal en aquella casa, y, por raro que parezca, todos parecían unidos por aquella irritación compartida. Los criados llevaban mucho tiempo en la casa, y no ignoraban, bien porque un miembro de la familia se lo hubiera dicho, bien porque lo hubieran deducido de conservaciones que habían presenciado, cuánto afectaba al señor, a la señora, o a sus hijos. Y cualquiera de ellos podría haberle dicho a Molly que el origen del malestar que flotaba en el ambiente era la cantidad de facturas acumuladas por Osborne en Cambridge, y que ahora, sin la menor opción a obtener aquel puesto de fellow, se iban amontonando en la mesa del señor hidalgo. Pero Molly, que creía que no tenía por qué enterarse de lo que la señora Hamley no deseara contarle, no deseaba que ninguna otra persona le hiciera con confidencias.