Hijas y esposas
Hijas y esposas Cuando llegaron a casa, el señor y la señora Gibson estaban en el salón, dispuestos a divertirse con los detalles de la velada. Cynthia comenzó a decir:
—Oh, no ha sido muy divertido. Tampoco esperaba que lo fuese —y bostezó como si estuviese muy cansada.
—¿Quién estuvo? —preguntó el señor Gibson—. Un grupo bastante joven, ¿no?
—Sólo invitaron a Lizzie y Fanny Osborne, y a su hermano. Pero el señor Roger Hamley había ido a visitar a las señorías Browning, y le pidieron que se quedara a la partida. Nadie más.
—¡Roger Hamley! —dijo el señor Gibson—. Entonces ya ha vuelto a su casa. Tengo que encontrar tiempo para ir a verle.
—Es mejor que le pidas que venga a vernos él —dijo la señora Gibson—. ¿Por qué no le invitas a cenar, y también a su hermano, el viernes? Sería un bonito detalle.
—Querida, estos jóvenes educados en Cambridge tienen muy buen gusto en cuestión de vinos, y también un buen saque. Mi bodega no resistirá sus ataques.
—No imaginé que fuera usted tan poco hospitalario, señor Gibson.